Arturo López Dozo el hombre del que sólo existe una foto y una triste historia.

 

La historia es joven, los diarios de la época permanecen en su mayoría extraviados o en manos de particulares que los guardan celosamente. Esta es una de las razones más importantes de la existencia del museo, una especie de contenedor de esa historia difusa que espera. Esto incluye la historia de Arturo López Dozo. Revolución El 13 de enero de 1924 el calor era agobiante y los rumores de una revolución volaban por las calles. López Dozo (el abogado de los pobres) había denunciado en su periódico, El Alma del Pueblo, la corruptela del pueblo, pero no había sido suficiente. Entonces, promovió la intervención a la localidad pero el apoyo nunca llegó. Los sediciosos fueron fotografiados por la revista Caras y Caretas y luego llevados a Bell Ville. La plaza que había sido un campo de batalla durante un día entero, con la llegada de la Policía, retomó el ritmo normal. Otra revolución que no fue. Años después, López Dozo volvió a Canals y retomó la edición del periódico. En el número seis, denunció al comisario Bilbao, al juez de Paz, González, y al sargento Cheade, por abuso de autoridad y salvajismo. Un día cualquiera, cuando volvía de La Carlota, donde imprimía el diario, y estaba pronto a bajar del tren, fue herido de muerte por la espalda. El asesino, Javier Tissera, “capaz de las peores hazañas” según un diario de la época, se declaró culpable y admitió que había sido contratado por González, Bilbao y Cheade. El museo tiene un rincón dedicado a López Dozo, el rebelde, el caudillo, el hombre del que sólo existe una foto y una triste historia.





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